La lámpara de araña para no olvidarse de lo clásico

Para los romanos, el lustro o lustrum, designaba el intervalo de 5 años que separaba cada fiesta de la purificación. Los primeros lustros, o lámparas de brazos que existen desde la Antigüedad estaban fabricados en madera. No llevaban ningún tipo de decoración, y su única función era la de alumbrar. Se encontraban en las iglesias o en los castillos.

Progresivamente, a este tipo de lámparas con brazos, en forma de araña, se le fueron añadiendo velas, suspendidas de una cadena. Las primera lámparas, con la forma de araña, se fabricaron en madera (madera dorada). Antiguamente, en los castillos y los edificios oficiales, un mecanismo permitía hacerlas descender para encenderlas o apagarlas, y también para limpiarlas.

Con el tiempo se fueron construyendo en hierro forjado, latón o bronce: materiales que están recubiertos de una pátina dorada para añadir un toque de mayor elegancia.

En el siglo XVIII, bajo el reinado de Luis XV, las lámparas de araña, de inspiración barroca, alcanzan su apogeo, con los cristales de Baccarat, procedentes de una fábrica de cristal cerca de Meurthe-et-Moselle, dejando de lado el cristal de Bohemia.

La lámpara de araña se abre a una cantidad infinita de estilos: Rocaille, LuisXVI, estilo María Antonieta, niquelado, con cristales colgantes, cristal de roca…

Con la invención de la electricidad, la vela se vio reemplazada por las bombillas, a pesar de que muchos, hoy en día, perpetúan el sistema de velas para decorar las lámparas de araña de corte clásico.

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