La elección de la nevera

En cuestión de electrodomésticos, la cuestión puede ser básica o ultra sofisticada. Para elegir una nevera para la cocina, primero hay que conocer el presupuesto del que se dispone y el uso que se va hacer de ella.

¿Cuáles son vuestra costumbres alimenticias? ¿Cuántos sois de familia? ¿De cuánto espacio disponéis en la cocina? ¿Se debe combinar con otros electrodomésticos? Estas son algunas de las preguntas que conviene responderse antes de ir a al tienda para elegir la nevera de la cocina.

El tamaño de la futura nevera debe responder a dos criterios. Primero el espacio que le reserváis en la cocina, y luego la seguridad de que la vamos a llenar con alimentos. Porque no sirve de nada elegir una nevera demasiado grande, que consumiría demasiada luz, si luego el uso va a ser muy inferior a su capacidad de almacenamiento.

La nevera más sencilla no dispone de congelador, sino de una simple hielera, y se puede colocar, por su tamaño, en cualquier parte de la cocina.

La nevera americana es mucho más voluminosa, puesto que ofrece un compartimento para el congelador, y otro para los productos frescos, y la posibilidad de servirse directamente cubitos de hielos y agua fría. Esta es la nevera sofisticada de la que hablábamos al principio, y por lo tanto, también la más cara.

La nevera combinada con un congelador: El congelador puede estar arriba, permitiendo ganar espacio en la medida en que se unen dos electrodomésticos en uno sólo.

En cuanto al consumo de energía, existen unas etiquetas que ofrecen una serie de datos con relación a la energía que requiere cada electrodoméstico para funcionar. Se clasifican por letras: la A es la más económica. A final de año, una nevera de tipo A consume bastante menos energía que una de tipo C. Basta con comparar las facturas para darse cuenta del ahorro real.

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