Fregaderos de piedra, ventajas e inconvenientes

Finalmente os habéis decidido a reformar la cocina, y ahora dudáis si poner o no un fregadero de piedra. Tenéis una cocina de verano, y pensáis que un fregadero de piedra puede quedar más bonito. En este caso, debemos informarnos bien sobre los puntos a tener en cuenta antes de tomar la decisión de comprarlo, y luego instalarlo.

Nuevo, estándar o hecho a medida, o incluso de segunda mano, en cualquier caso la piedra es sinónimo de solidez, por supuesto, pero también de naturaleza. En efecto, los fregaderos de nuestras abuelas eran de piedra, y por esa misma razón no han pasado de moda.

Los tamaños que se suelen ofrecer son variables, para que puedan adaptarse bien al lugar donde queremos acoplarlo. Por lo general, encontraremos fregaderos de los siguientes tamaños: 50 x 50 cm; 80 x 60 cm; 90 x 40 cm. También se puede escoger la forma. Es bueno saber que el acabado pulimentado suele dar un aspecto liso a la piedra, mientras que envejecida, será más rugosa.

También se puede escoger un fregadero antiguo, recuperado en el rastro o en alguna tienda de antigüedades. En todo caso, debemos tener cuidado para que no nos den gato por liebre, y que no nos engañen en el precio. En todo caso, debemos saber reconocer un fregadero antiguo de uno moderno de imitación.

Un truco para el mantenimiento es que los 2 ó 3 primeros años, mientras la piedra es frágil y se mancha con facilidad, y se quedan marcado los cercos de cal, es necesario protegerla, si es que no ha sido tratada previamente. Es preferible elegir un producto ecológico. Para el mantenimiento habitual, lo ideal es utilizar un producto con pH neutro.

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